21 de junio de 2007

Oh Dios!

Oh Dios! Que divertido ese chico que está al frente mío. Por alguna extraña razón me agradan sus intervenciones y su mirada tiene algo que… no lo se.
Me gustaría mucho conocerlo, me parece muy interesante, pero siempre está rodeado de gente, tengo temor de acercarme y conversar con él.

Es raro pero por alguna extraña razón me ha comentado que hace trabajos de proyección social. Quiere empezar un proyecto y me ha llamado a mí. Esto es un poco extraño porque recién lo conozco y recién me conoce. Por que lo habrá hecho? Porque a mi? Me pide mi correo, se lo doy, ahora se que se llama Miguel Ángel.

Perdió la hoja de papel con el correo que yo le di, era de esperarse, es hombre. Me dio el suyo, así el estaba más seguro de que yo no lo perdería. Pienso que yo también la voy a perder. Llego a mi casa y lo agrego inmediatamente.

He corrido donde Silvia, mi mejor amiga, y le he contado lo que había sucedido. Lo que me habían propuesto, el proyecto, quien lo había hecho. Le conté a todo el mundo creo, a toda la universidad al menos. Cristian también lo supo. Estoy muy emocionada con respecto al tema. Se nota la emoción en mi cara, la sonrisa no me la pueden quitar. Cristian empieza a molestarme, desde entonces aquel es el chico del proyecto. Yo solo río y lo niego todo. Pero por qué sonrió tanto? Dios Por qué sonrió así cuando tanto de el? No lo entiendo.

Luego de unas semanas él llega tarde a las clases, me sorprende el hecho. No porque llegara tarde sino porque lo hacía con alguien. El desconcierto me invade, me mira, lo miro. Pasa y se sienta. Se sientan en lugares separados, no entiendo. Me incomoda.
En la noche me encuentro con él en el msn. Me saluda y lo molesto. Siento un poco de celos, pero por qué? Creo que él lo nota. Trato de tranquilizarme, pero la emoción puede más que yo, me siento avergonzada, que pensará. Quedamos en salir a ver Perú JAJA.

Los días pasaron y siempre me preguntaba cuando íbamos a empezar con el proyecto. Los horarios no encajaban, tiempo todavía no había. Estaba muy ocupada, pero ganas no faltaban. Siempre quedábamos en un día y al final nada.

No participo mucho en clase, solo lo escucho. Llama mucho mi atención. Creo que fije mi mirada en él por mucho tiempo, pero no lo estaba viendo. Percibo movimiento, salgo de mi mundo y es él quien está moviendo las manos para hacerme dar cuenta de que lo estoy mirando. Que vergüenza, pienso. Que pensará… que lo estoy acosando. Solo sonrío avergonzada. Creo que lo miro mucho. Quedo encantada con las cosas que dice, me divierte, me fascina.

Todos los viernes mi papá me recoge, pero ese viernes no llegó. El chico del proyecto se queda siempre hasta el final esperando que todos se vayan. Me dice que vive cerca de mi casa. Me acompaña, no le gusta el transporte público. Caminamos. Yo lo llevaba del brazo, él me hablaba. Lo miro y me encanta lo que escucho. Me siento tan bien llevándolo, cuidándolo.
Me dice muchas cosas. Dice que no entiende porque me cuenta tantas cosas suyas. Parece avergonzado pero aun así continúa.

Me pide un poco más de tiempo para caminar por ahí. Acepto. Camino de la mano con él, porqué lo hago me preguntó. Hubiera hecho lo mismo con cualquier otra persona? No, siquiera no con personas que recién conozco. Es esto normal? No lo entiendo. Se le antoja un helado, lo compramos dio dos mordidas y ya no lo quiere. Lo ayudo a comérselo, me lo da en la boca. Esto es no es normal para mí? Yo no suelo ser así. Dar confianza me cuesta mucho. Por qué con él todo es diferente? Por qué le permito tantas cosas? Parece que lo conociera de años, me siento como si lo conociera desde hace mucho, se parece tanto a mí.

Ahora nos sentamos en la bankitaz, hablamos muchas tonterías, reflexionamos sobre la malla del estacionamiento que nos permite ver todo lo que ocurre dentro de este. Toda la conversación la tenemos abrazados. Su mano derecha con la mía apoyada sobre mi hombro y la izquierda con mi mano. Me siento tan bien, hace mucho que no me sentía así… nunca me había sentido así. Me gusta. Me quedaría así por siempre.

El intenta acercarme con el pretexto de mostrarme su piercing. Me pregunto, hará lo mismo con todas? Me parece una manera muy ingeniosa de hacerlo. Le volteo la cara. Le digo que esto es muy extraño. Me responde que puede soltarme si me molesta. Le digo si me molestara no estaría aquí. Me aconseja que me deje llevar por lo que siento. Deseo mucho voltear y darle un beso. Me decido a hacerlo finalmente. Mientras lo hago no me arrepiento solo me dejo llevar, lo vivo, lo siento, lo disfruto.

Desde entonces no he podido olvidar ese momento. Las cosas empezaron de una manera poco común, pero me encantó como empezaron y no cambiaría nada de lo que viví junto a el desde ese momento, porque fue el con quien recién empecé a vivir. Los recuerdos no se borraran nunca de mi memoria, las imágenes permanecerán por siempre.
Un beso, un beso que selló una noche y que empezó una vida.

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